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EDUCACIÓN COMPARADA INTERNACIONAL Y NACIONAL

N16-495

Nuevo

Disponible

$ 360.00

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$ 400.00

Ficha técnica

AutorMarco Aurelio Navarro
Páginas407
MateriaL. Educación
ISBN9786074028096
EAN-139786074028096
CoeditorSociedad Mexicana de Educación Comparada
Medidas17x23

Sinopsis

Prólogo: Cuando un estudiante de educación comparada pregunta si toda comparación debe ser internacional o si también se pueden hacer comparaciones al interior de un país, está planteando una pregunta cuya respuesta es nada fácil, porque evoca discusiones importantes en la trayectoria epistemológica y sociológica seguida por este campo, o más bien en las trayectorias epistemológicas y sociológicas del campo, ya que se han desplegado distintas perspectivas y posiciones. A solo unos meses de transitar hacia el presente siglo, William Cummings (1999), de la Universidad de New York en Búfalo, en su conferencia presidencial para la Comparative and International Education Society, llamaba la atención sobre la pérdida de enfoque de los comparativistas en educación. Haciendo un poco de historia recordaba que para Durkheim la educación comparada debía ser la reina de las ciencias de la educación. Cummings hacía este llamado de atención ya que unos meses antes, Val Rust y sus colegas (1999) dieron a conocer los resultados de un análisis de los números publicados durante los últimos 25 años, por las tres revistas más importantes de educación comparada. Encontraron que la proporción de artículos de educación comparada era mínima, al igual que la investigación en educación internacional, mientras que la mayor parte era sobre temas que podrían caer en una categoría de “educación extranjera”. Proponía Cummings retomar el foco de la educación comparada (junto con ello el sentido de la comparación en la educación comparada), para lo cual hizo un breve recorrido por la obra de algunos clásicos de las ciencias sociales. Durkheim, en su famoso trabajo sobre el método sociológico, argumentó que el método comparativo era el único método de la indagación; que Max Weber comparó las distintas premisas éticas de las distintas religiones del mundo antes de avanzar sobre su famosa tesis que relaciona la ética protestante con el capitalismo; y más recientemente aquella frase de Guy Swanson referida a que “pensar sin comparar, es impensable”. El desenvolvimiento histórico de la educación comparada está ligado a su contribución al desarrollo. Cuando el auge de las teorías lineales permitió hacer transferencias o “préstamos” de modelos o de innovaciones educativas desde países más avanzados hacia los de menor desarrollo, sin bien de forma acrítica, la intensión era la de perfeccionar los sistemas educativos; también en esta idea lineal en la que los países transitan por un mismo camino hacia la perfección, las comparaciones internacionales permitían “predecir” el comportamiento de las sociedades de acuerdo a la etapa de desarrollo en la que se encontraban. También se hacían comparaciones para ilustrar la toma de decisiones en materia de políticas educativas a la luz de la experiencia de los países que habían transitado por reformas, como la educación laica, la educación vocacional, la integración de asignaturas en áreas o la formación de docentes, por poner algunos ejemplos. Pero esta motivación del desarrollo las comparaciones tuvieron siempre esta dimensión interacional y en esta tradición se fue construyendo el campo, por eso una buena parte de las sociedades de educación comparada en el mundo llevan en su nombre los términos de “educación internacional y comparada” o “educación comparada e internacional”. Hasta aquí, aquella pregunta del estudiante encontraría una respuesta adecuada. Si, la educación comparada tiene una dimensión internacional porque así se ha construido socialmente este campo, porque tradicionalmente así se ha considerado entre quienes lo cultivan. Una respuesta adecuada, no obstante incompleta. Habría que incorporar en la respuesta que, especialmente en la década de los sesenta surgió un fuerte movimiento cientificista, mediante el cual las ciencias sociales, incluidas las ciencias de la educación, buscaron identificarse con las ciencias naturales utilizando sus métodos y técnicas de investigación, básicamente cuantitativos, experimentales y cuasi experimentales. Lo que llevó a los investigadores a concentrarse en el estudio de los fenómenos educativos nacionales. Guillermo Ruiz (2010), de la Sociedad Argentina de Estudios Comparados en Educación explica, con bastante precisión, esta diferencia entre la educación comparada y la comparación en los métodos de la investigación educativa. El libro puede ser descargado de la página web de la Sociedad Mexicana de Educación Comparada. Años después de la conferencia de Cummings, también en una conferencia presidencial para la Comparative and Internacional Education Society, Martin Carnoy (2006), con el título de Rethinking the comparative education – and the international, sale a la defensa de los estudios nacionales, en tanto que pueden constituirse eventualmente, en estudios comparados, de contar con un marco teórico adecuado. Apoyándose en su propia experiencia como comparativista, narra cómo su estudio sobre costo-beneficio de la educación en México, fue complementado años más tarde con un estudio similar realizado en Kenya, que brindó material para la comparación de indicadores de costo/benefico en los dos países. En este sentido, no podríamos excluir ni a los investigadores de la educación extranjera, ni las investigaciones nacionales en educación, ni a las investigaciones inter y transnacionales de la educación, por su potencial contribución a la Educación Comparada. De hecho en una apreciación reciente sobre la educación comparada en México, Navarro y Ornelas (2013), comentaron que los estudios de educación comparada en el país tenían una cierta dosis de empiricismo pero que las comparaciones y sus metodologías respondían a las necesidades de los investigadores. Es en este orden de ideas que la Sociedad Mexicana de Educación Comparada no puede incluir solamente aquellas contribuciones de sus asociados que correspondan a comparaciones internacionales, pero si las debe privilegiar en tanto que es precisamente la promoción de este tipo de estudios el objeto de su creación. Con estas ideas, la respuesta a la pregunta planteada inicialmente estaría más completa, pues no sería un simple sí o no. En correspondencia con esta argumentación es como hemos organizado los apartados de este libro, apareciendo en primer lugar una sección de fundamentos y casos de educación comparada en la que se encuentran los capítulos dedicados a comparaciones entre países; en segundo lugar aquellas contribuciones que están dedicadas al análisis de la educación desde perspectivas transnacionales, también aquellos que tratan de políticas de organismos internacionales, y los que toman la perspectiva de la globalización. Por último, pero no menos importante, aquellos capítulos referidos a comparaciones realizadas al interior de un país, de un estado, de una institución, o también a aquellos que comparan el desarrollo institucional en distintos momentos de su propio desarrollo. De esta manera, la Sociedad Mexicana de Educación Comparada hace entrega de esta publicación, la cual sin duda será de gran valor tanto para la comunidad comparativista, como para los académicos que busquen informarse sobre los temas aquí tratados, o para aquellos que buscan información para la toma de decisiones.

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