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AXIOLOGÍA EDUCATIVA, Una visión nacional

N15-402

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Ficha técnica

TítuloAXIOLOGÍA EDUCATIVA, Una visión nacional
AutorLidio Néstor Ribeiro Riani
Páginas152
MateriaL. Educación
ISBN9688567280
EAN-139789688567289
EditorialPlaza y Valdés México
CoeditorCentro Interdisciplinario de Investigación y Docencia en Educación Técnica / CIIDET
Medidas17x23
SoporteLibro impreso

Sinopsis

El maestro Lidio Ribeiro me ha pedido una introducción para su libro Axiología educativa, una visión nacional. He vacilado en escribir algo, mas no por falta de simpatía al autor o al texto. A pesar de su origen extranjero, es ya un mexicano; como tal piensa, como tal ama a este país. Su texto, asimismo, respira el dolor de sus carencias, la vehemencia y optimismo de su potencialidad. Pero ¿que puedo decir acerca de un discurso tan bien nutrido, qué poner en el que no sea un pequeño guijarro que acaso le estorbe para levantar su vuelo?

Advierto en el libro animación reflexiva y gusto por lo concreto. La educación es un territorio difícil: una estera de zarzas. Nos preocupa a todos : ciudadanos padres de familia, jóvenes angustiados por el porvenir, políticos profesionales que apetecen el voto de las mayorías. Pocos aciertan en formular diagnósticos y propuestas inteligentes o simplemente sensatos. En su mayoría, las opiniones educativas se pierden; se aferran a credos, a prejuicios, se perciben entre el salto y la caída; son portadores de miserias morales, de pragmatismos confusos. Pero Ribeiro, pedagogo bien plantado, que conoce nuestra historia y nuestra sensibilidad, va al grano, hiere como cal viva sobre una llaga.

Ciertamente en el vértigo de estas horas, expresar la necesidad de educación a secas, desnuda, sin una investidura axiológica, significa abandonarla en un mundo de tinieblas. Educar es iluminar la razón y la emoción, arraigarla en lo propio sin desconocer el amplio horizonte de la universidad a la que pertenecemos, querámoslo o no ; y es, también, infundirle ese soplo de eticidad, de valores que no habitan en el firmamento, lejos de nosotros, sino, por el contrario, están en la sangre no obstante la pobre estimación que solemos mostrar sobre nosotros mismos y la obstinada contemplación de nuestros defectos y vicios.

De entre millones, sólo un puñado es renuente a la laicidad; sólo unos cuantos sectarios quisieran levantar un muro envenenado contra los valores democráticos, esos mimos que nos permiten, al menos, sobrevivir mediocremente. Sólo unos pocos rufianes, a la sombra del poder, desearían que la corrupción ampliara su camino para llevarnos al abismo. La educación habrá de fundarse en la honradez, la responsabilidad, la tolerancia el respeto, o no será nada . Ni yo , ni tampoco Ribeiro, abrigamos una intención edificante. No se trata de moralizar, sin de recoger aquello que está en la mente de los demás, de esculpir más altas formas sociales. El acuerdo universal sobre los valores de acceso , es decir, aquellos que posibilitan la convivencia civilizada, reúnen fraternalmente ética y estética. “Valores universales”, dicen algunos con ridícula pompa. Pero ¿qué es lo universal? ¿Lo que imponen ellos, los dueños de todo? La universalidad, como señal axiológica, se pudre en sus bocas. En esta sociedad sin alternativas , los valores democráticos significan mucho,m pero ¿no son poca cosa? La libertad, el respeto y toda esa moralina son injuriosos allí donde cunde el hambre, la incertidumbre colectiva. ¿Tiene esta civilización porvenir?

No soy pedagogo ni optimista, pero aquí no importan mi oficio ni mi actitud, sino los anhelos colectivos , esos mismos de los que el discurso de Ribeiro se hace eco. México, si vale la hipérbole, está harto de mentiras políticas, de medianía educativa, de esa oscuridad que llamamos corrupción. Y lo que nos propone Ribeiro es remar contra la noche. Aceptamos su propuesta, discutámosla. Puede ser el punto de partida de una migración hacia el alba.

Augusto Isla

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