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APRENDER A ESCUCHAR, Enseñanzas Maya-Tojolabales

N18-057

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Ficha técnica

Título APRENDER A ESCUCHAR Enseñanzas Maya-Tojolabales
AutorCarlos Lenkersdorf
Páginas166
MateriaFilosofía
ISBN9786074024326
EAN-139786074024326
EditorialPlaza y Valdés México
Medidas13.5x20.5
SoporteLibro impreso

Sinopsis

Pensamos que sabernos escuchar, sin embargo, la lengua nos hace excluir este acto casi sin darnos cuenta. Es por ello que cuando expresamos la oración, yo te digo, le decimos al otro lo que se espera de él: que nos escuche y obedezca. No esperamos que nos responda y que iniciemos un diálogo.

Muy diferente se expresan los tojolabales a través de su lengua, el maya-tojolabal, pues dicen en la frase correspondiente, yo dije, tú escuchaste. El objeto se excluye y en su lugar tenemos otro sujeto, el cual escucha. Los tojolabales tienen, desde las primeras palabras, otra concepción de comunicación: la dialógica. Ésta se realiza a lo menos entre dos personas, por tanto, no es monológica, concepto desde el cual hablan los que pretenden saber. Tal vez por eso los tojolabales tienen dos palabras para lengua, una para la que se habla (k'umal), y otra para la que se escucha ('ab'al). En español, en cambio pensamos en el hablar y no en el escuchar cuando nos referimos a la lengua, y tenemos buena razón para hacerlo, porque la lengua hace referencia al órgano localizado en la boca con el cual articulamos el habla.

Nosotros, en cambio, preguntamos junto con los griegos antiguos, ¿por qué tenemos dos orejas y una sola boca?, ¿no es para escuchar mejor, y hablar menos? Somos, pues, muy habladores y pobres escuchadores, por eso aprendemos retórica y mercadotecnia, para saber cómo manipular a los demás. ¿Y dónde queda el escuchar?

El propósito de Aprender a escuchar es ayudarnos a escuchar mejor y a estudiar tanto la ausencia, como el reducido y mal uso que se hace de escuchar. Al hacerlo nos damos cuenta que los políticos no saben escuchar, aunque por el hecho de tener el uso de la palabra, ellos piensan que sí. Nosotros, piensan aquellos, no sabemos escuchar, aunque nos juntemos por miles y porque no somos representantes de la autoridad. Por eso pretenden limpiar las calles de los que no saben, para que los "ciudadanos conozcan la ciudad que es de piedra y no de mujeres, hombres y niños".

El acto de escuchar toca un tema olvidado en la educación de todos los niveles. Tal vez este libro ayude a que se agregue la materia del escuchar a los planes de estudio. Si lo sabemos hacer, aprendemos a la vez a recibir con gratitud lo que recibimos al escuchar a los demás, ya que nos regalan sus palabras por las cuales no solemos dar las gracias, porque no se nos enseñó a hacerlo.

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